domingo 2 de octubre de 2011

La batalla de Salamina para LM-Mare Nostrum



El día 24 de septiembre del 480 a.C. tuvo lugar una de las batallas navales más famosas de la historia, la Batalla de Salamina, durante la Segunda Guerra Médica.

Jerjes, le rey persa, le había echado el ojo a Grecia desde que hacía tiempo sus intereses habían chocado con los de los griegos en las polis que éstos tenían en las costas de Asia Menor. Su antecesor Darío I ya había probado el sabor de la derrota a manos de los helenos y esta vez él estaba dispuesto a tomarse la revancha.


Un inmenso ejército apoyado por la flota más grande hasta entonces reunida y marchó sobre la península griega.

Los atenienses no eran grandes guerreros de infantería como los espartanos, pero sí eran unos excelentes marineros. Hay que recordar que las galeras de la época, al contrario de lo que normalmente se piensa, eran manejadas por ciudadanos libres, no por esclavos, marineros bien entrenados que cuando llegaba el momento de la verdad, dejaban los remos tomaban los hoplones, lanzándose al combate, abordando el barco enemigo con fiereza. En esto los atenienses no tenían rival y se merecían el respeto y el reconocimiento hasta de sus encarnizados enemigos cartagineses.

Ya sabéis lo que ocurrió en las Termópilas; a pesar de su victoria pírrica, Jerjes se sintió envalentonado y marchó sobre Atenas. Los atenienses decidieron no hacer una defensa numantina de su ciudad ya que carecían de tropas suficientes en tierra para enfrentarse al inmenso rodillo persa y se retiraron; la ciudad de Atenea fue arrasada sin piedad.

Y en el mar la cosa no pintaba mejor. No se sabe con exactitud cuántas naves tenían cada bando, aunque, a groso modo, se da por válido que había una proporción de 2 a 1 a favor del persa. Convencionalmente se habla de que los persas reunieron una flota de unas 1200 naves (más unos 3000 transportes) mientras que la flota griega apenas llegaba los 550 buques (la mitad eran atenienses, aproximadamente).

El almirante griego, Temístocles, necesitaba que el General Engaño combatiera a su lado en esta ocasión más que nunca. Hizo creer al persa, a través de falsos emisarios, que los griegos estaban envueltos en disputas intestinas (cosa habitual, por cierto), que el miedo había hecho mella entre sus filas y que estaban huyendo ante la llegada de la flota persa.

Bien, un tipo como Jerjes era fácil de engañar si le entras por su punto débil, la vanidad y la autosuficiencia, así que mordió el anzuelo.

Temístocles había creado la trampa perfecta, una especie de Termópilas naval que esta vez sí iba a funcionar. Situó la mitad su flota en las proximidades del canal de Salamina, donde esta isla forma un estrecho corredor con la costa griega, a modo de cebo, y escondió el resto de sus naves. Jerjes entró dócilmente en la ratonera siguiendo a los griegos que parecían huir. Cuando las naves del persa estaban en medio del canal, sin apenas capacidad de maniobra, se cerró la trampa, las naves griegas dieron media vuelta y plantaron batalla; el resto de los helenos entraron por la retaguardia, impulsados en parte por las corrientes del Egeo que les daba potencia extra para embestir a los persas, impotentes, además, para maniobrar. Jerjes fue vencido en el mar. Algún tiempo después también fue vencido en tierra en la batalla de Platea. A partir de ese momento el imperio persa entró en un declive que recibió, tiempo después, el tiro de gracia a manos de otro griego: Alejandro Magno.

Escenario para LM-Mare Nostrum: Construiremos un canal no demasiado ancho, con trozos de costa e islas. La proporción de naves debe ser de 2::1 a favor de los persas. La calidad de los griegos es 7 mientras que los persas es de 6. Una parte de la flota griega se sitúa en un extremo del escenario, la flota persa entra por el otro extremo para embestirla, a partir de ese momento el almirante griego puede introducir sus refuerzos por la retaguardia persa en el turno que desee. La costa puede tener una zona de aguas poco profundas de entre 3 y 2 cm. donde las naves pueden encallar.

En el reglamento queda abierto el tema de dejar o quitar del escenario los buques hundidos para que actúen como obstáculos en el juego. Antes de comenzar la partida los contendientes pueden decidir si hacerlo o no. En concreto para este escenario sugiero que los pecios se retiren para evitar que el "tapón" de buques destruidos lleve a tablas con casi toda seguridad.

Contendientes:

Persas:

  • 35 trirremes (3R; M=12;E=5;D=4;C=6;R=2; A1*10(6); Pts=40 c/u) y 5 birremes (2R; M=9;E=3;D=2;C=6;R=1; A1*10(6); Pts=30 c/u).

Polis griegas:

  • 15 trirremes(3R; M=12;E=5;D=4;C=7;R=2; A1*10(6); Pts=45 c/u) y 5 birremes (2R; M=9;E=3;D=2;C=7;R=1; A1*10(6); Pts=35 c/u)

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada